Punta Querandí

Territorio sagrado y educativo de los pueblos originarios, en la desembocadura del Arroyo Garín en el Canal Villanueva, Partido de Tigre, Provincia de Buenos Aires. Humedales continentales del río Luján.

Un sitio arqueológico, un museo y la amenaza del negocio inmobiliario

Por El Argentino Zona Norte de los Trabajadores.- Punta Querandí, ubicado en el límite entre Escobar y Tigre, también fue declarado Espacio de la Memoria, pero está encerrado por countries que hasta privatizaron sus calles de acceso. Crónica de una historia de ataques, complicidad estatal y resistencia indígena.

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Por Sebastián Weber, 20 de junio de 2017

El sitio sagrado y arqueológico Punta Querandí, ubicado en el límite entre Tigre y Escobar y rodeado de grandes barrios privados, amaneció el 20 de septiembre de 2016 con un nuevo ataque: el templo de oración guaraní -llamado Opy-, que habían construido miembros de la comunidad originaria hacía unas semanas, estaba destruido. Los integrantes del Movimiento en Defensa de la Pacha (MDP) relacionó el atentado con el empresario Jorge O’Reilly, dueño de EIDICO, la inmobiliaria con la que avanzó sobre el territorio con la construcción de countries del Complejo Villanueva en Tigre y Escobar.

La organización de pueblos originarios empezó a reconstruir la casilla de espiritualidad y el 24 de noviembre recibió un aliento desde el Senado de la provincia de Buenos Aires cuando los legisladores repudiaron los actos intimidatorios. Pero a los diez días, cuando fueron a trabajar sobre el Opy, solo se encontraron con barro, pastizal y maderas desparramadas por el suelo. El hartazgo y el avasallamiento los hizo actuar. Empezaron a acampar y a pasar la noche ahí. Y no fue la única decisión que tomaron. En menos de cinco meses, organizaron, construyeron e inauguraron un Museo Autónomo de Gestión Indígena.

“Dijimos: ‘vamos a dejar de ser ingenuos’. Si el Estado no se encarga del proceso de reconstrucción, del cual es responsable, lo vamos a hacer nosotros. Entonces nos constituimos en nuestro propio estado y creamos el museo”, dice el quechua Valentín Palma Callamullo, mientras sostiene en sus manos puntas de flecha y piezas de barro de vasijas construidas hace cientos de años. Algunas son lisas, y otras tienen grabados lineales y curvos. “La figura que más se repite es el zig-zag. Pero todavía no pudimos descubrir qué significaba”, explica.

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Detrás de Valentín, la corriente del Canal Villanueva genera pequeñas olas que chocan sobre la ribera de Punta Querandí. Este curso de agua fue modificado por EIDICO para hacer la entrada naútica a sus dos barrios cerrados del partido de Escobar: San Benito y San Marcos. Y para eso también destruyó el antiguo acceso al lugar, el camino de la Vía Muerta. Ahora, la erosión de los márgenes deteriora la barranca del terreno de una hectárea y hace que aparezcan restos arqueológicos que se deberían preservar. “Intentamos poner palos y tierra para frenar el avance del agua -cuenta el integrante del MDP mientras excava la orilla y limpia un fragmento de piedra que podría ser material para exponer-. Aunque no lo logramos”.

Con el cierre de la Vía Muerta, Punta Querandí quedó encerrado entre los barrios privados, el Canal Villanueva y el arroyo Garín. Esto afectó también a los vecinos que lindan con el territorio sagrado. Carlos Arrambide -conocido por todos como Charly- es uno de los que levantó la bandera contra O’Reilly y su avance privatizador. El hombre compró su terreno en 2007 y un amigo suyo le avisó que lo iban a dejar sin salida. Él no le hizo caso, pero después le dio la razón. En el portón de entrada a su casa hay un cartel donde se lee “La Citrópolis”, y hace referencia a todos los autos Citroen que tiene estacionados. Entre ellos, hay infiltrado un Volkswagen Beetle que tiene pintado con aerosol: “Aguante Punta Querandí”. “Desde que conocí a EIDICO pareciera como si fuera un delincuente. Pero en todas las causas que me iniciaron yo salí sobreseído”, explica Charly mientras mira al barrio San Benito, que está enfrente de su casa. Después de años de pelea judicial, consiguió que lo dejaran pasar por dentro de los countries para llegar a su residencia. “Era insólito que no tuviéramos acceso a los domicilios”, agrega.

El municipio de Tigre dio una solución muy precaria al acceso a Punta Querandí en diciembre de 2010: instaló un puente sobre el arroyo Garín para que se utilizara como continuación de la calle Brasil. Pero era un puente prefabricado, conocido como Bailey, que fue diseñado con propósitos militares. Charly denunció reiteradas veces que se iba a caer. Y nadie se sorprendió cuando en una inundación en noviembre de 2014 la obra quedó bajo el agua. Ahora, el puente se encuentra a un costado del camino y está todo escrito. Al lado, dos mujeres esperan sentadas a que las vengan a cruzar para conocer el nuevo museo: desde que el terreno quedó aislado, para llegar al sitio sagrado hay que pasar sobre el curso de agua con un bote y una soga.

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El Canal Villanueva bordea Punta Querandí. Su curso de agua fue modificado por la construcción de los countries que lo rodean, para hacer su entrada naútica.

Ana María es de Bariloche y se contactó con las organizaciones de Punta Querandí hace tiempo. Empezó a hablar con el qom Alberto Aguirre por Facebook y arreglaron la visita al lugar. A ella la acompaña su amiga Silvia, de Tucumán. Los tres cruzan el arroyo Garín con el bote y caminan directo hacia el museo. “Para mí todavía no caemos en la dimensión de lo que hicimos -dice Alberto y sonríe-. El Estado pateó siempre en contra y nosotros sentimos nuestra espiritualidad pisoteada. Con esto pasamos a ser otra cosa, acá estamos fomentando y sosteniendo algo culturalmente”.

-Alberto, ¿o no que ustedes no son los dueños de la tierra?, le pregunta Ana María.

-No, somos los protectores, contesta Alberto.

Después, se acuclilla y con un palito de madera dibuja los planos del museo. La casilla de 5 x 3 metros fue inaugurada hace menos de un mes, pero él ya piensa como lo van a agrandar. “La idea es hacer otro módulo igual y hacer un techo a dos aguas. Ahí la exposición puede ser más grande y abarcar más cosas -en la tierra hace dos rectángulos iguales y empieza a diagramar un tercero-. Y acá más adelante lo vamos a conectar con un espacio donde se pueden desarrollar talleres y pasar diapositivas con una introducción y explicación sobre el sitio”.

Hasta el momento, el Museo Autónomo de Gestión Indígena se divide en diferentes secciones. Primero, hay una mesa larga en el medio donde se encuentran los restos materiales encontrados en el terreno. Después, una explicación sobre qué es Punta Querandí y la historia de la vecina Graciela Satalic, una de las primeras en movilizarse en defensa de los pueblos originarios. También, se hace un repaso sobre el “pasado lejano” -el genocidio de los indígenas- y el “pasado reciente” -la historia del lugar que antes era conocido como Paraje Punta Canal, y era una parada del ferrocarril Mitre entre 1914 y 1967-. Además, se mencionan datos sobre el impacto ambiental y social del avance inmobiliario.

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El Opy es un templo de espiritualidad indígena. Fue dos veces destruido, en un atentado que la comunidad de pueblos originarios atribuye al dueño de los countries.

En el museo se hace una mención especial a Ana María Martínez, una joven que fue secuestrada cuando salía de su casa en Villa de Mayo el 4 de febrero de 1982, durante la última dictadura cívico-militar. A la semana, encontraron su cuerpo en Punta Querandí. En junio de 2014, el lugar fue declarado de Interés Municipal y Espacio de la Memoria por el Concejo Deliberante de Tigre. En una de las paredes de la casilla, hay fotos de Ana María y artículos de los diarios que cubrieron el caso.“Sitios sagrados destruidos y amenazados”, es la última sección del museo. Ahí se mencionan los territorios ancestrales con restos arqueológicos que desaparecieron por el avance privatizador e inmobiliario de las empresas. Ponen de ejemplo los casos de los terrenos de La Bellaca y Sarandí. Pero el más cercano a Punta Querandí era el sitio Garín. Fue destruido por el barrio Santa Catalina, también de EIDICO. Allí había un enterratorio, pero cuando construyeron el complejo sacaron el cuerpo y hasta hoy no se sabe a dónde lo llevaron. “Por eso la exposición sintetiza años de lucha que afectaron a los abuelos que descansan en la tierra y a la gente que queremos proteger”, comenta Valentín.

Punta Querandí no queda afuera de los sitios sagrados que intentaron destruir. Alcides Vela, un albañil que empezó a trabajar el cinco de marzo en una casa de la zona, recuerda qué fue lo que le pasó a los tres días de llegar al lugar: “Se me acercaron dos personas y me dijeron: ‘Estamos teniendo problemas con esta gente’. Y ahí me ofrecieron plata por quemar los ranchos”. En el instante Alcides les preguntó los nombres. “No hace falta”, le respondieron. Unas semanas más tarde, hizo la denuncia en la fiscalía de la localidad de Benavídez. “Si no hacía eso yo hubiese sido cómplice”, dice antes de tomar un trago junto a Ana María y Silvia. Cuando Alberto termina de servir los vasos, Alcides les avisa: “A mí me enseñaron acá que siempre hay que darle un poco a la Pacha”. Y los cuatro dejan caer un chorro de vino en la tierra.

Más alejado del museo, dentro de un bosquecito, se encuentra el templo guaraní que fue destruido. En el lugar, el guaraní Reinaldo Roa junta y acomoda hojas. “Nosotros tenemos padre y madre -dice y señala al cielo y a la tierra-. Hay personas que están matando a nuestra madre. En este lugar sagrado rechazamos el mal y la mentira”. El techo está casi terminado, pero tiene solo una pared de barro levantada. A un costado, un cartel indica que allí hay un espacio espiritual y cita el artículo quinto del convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes: “Deberá reconocerse y protegerse los valores y prácticas sociales, culturales, religiosas y espirituales propias de los pueblos”.

“Nos pueden destruir cien veces. Pero nosotros vamos a volver en busca de la verdad y el bien de nuevo, somos incansables”, concluye Reinaldo. Y después, cumple con su palabra: se sube al techo del Opy y empieza a acomodar las hojas secas para reconstruir el templo de su pueblo. Nuevamente, por tercera vez.

Fuente: https://www.elargentinozn.com.ar/2017/06/20/punta-querandi-un-sitio-arqueologico-un-museo-y-la-amenaza-del-negocio-inmobiliario/

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Esta entrada fue publicada el 03/07/2017 por en Otros.

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