Punta Querandí

Territorio sagrado y educativo de los pueblos originarios, en la desembocadura del Arroyo Garín en el Canal Villanueva, Partido de Tigre, Provincia de Buenos Aires. Humedales continentales del río Luján.

“Loponte decía que la presencia de los indígenas era para quilombo”

El involucramiento de los pueblos originarios en la defensa de Punta Querandí, era vista con desconfianza por el arqueólogo a cargo del legado ancestral aborigen del Gran Buenos Aires desde años antes de la fundación del Movimiento en Defensa de la Pacha. Los puntos oscuros de la excavación que determinó que el lugar podía entregarse a Jorge O’Reilly.

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Foto: Movimiento en Defensa de la Pacha

Por Indymedia Pueblos Originarios

El Movimiento en Defensa de la Pacha se formó en enero de 2009, tres semanas después que finalizara la campaña de rescate contratada por el empresario Jorge O’Reilly a un equipo del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL), liderado por Daniel Loponte.

Sin embargo, lejos de lo que argumenta actualmente este profesional (quien además del amparo de Nación, posee la “concesión” de la investigación que otorga el Instituto Cultural de la Provincia), el interés de las organizaciones indígenas por el destino de Punta Querandí, venía de años atrás.

La vecina de Ingeniero Maschwitz, Graciela Satalic, es una de las fuentes más calificadas para reconstruir la etapa anterior al surgimiento del MDP, ya que fue justamente ella quien se dedicó a acercar el tema a los pueblos indígenas.

En el 2001, Graciela encontró restos arqueológicos en la costa del Canal Villanueva, comenzó a averiguar de qué se trataba y finalmente en el 2006 Loponte corroboró la existencia de un sitio ancestral que registró con el nombre de Punta Canal. Tiempo después, el lugar comenzaría a reivindicarse como Punta Querandí.

Los vecinos del paraje,  ubicado entre los partidos de Tigre y Escobar, ya le habían alertado a Graciela que años anteriores, hubo personas que excavaron y retiraron cuerpos humanos. El propio Loponte luego le explicó que el sitio Garín (con enterratorios) había sido desaparecido en el 2000 por el country Santa Catalina en la orilla de en frente.  [Ver documento oficial]

CONTACTO CON LAS AGRUPACIONES INDÍGENAS

Punta Canal

La costa de Punta Querandí con mucha flora y fauna, en marzo de 2008. (Foto: Ignacio Smith)

En el 2006, a partir de un incidente con un empleado de la seguridad privada del country que quiso echarla de la costa pública, porque el predio “iba a ser un amarradero para yates”, Graciela comenzó a contactar a integrantes de pueblos originarios del Gran Buenos Aires y varios fueron a conocer el sitio.

“Yo buscaba la alianza de los pueblos indígenas para que ellos tomaran cartas en el asunto, sentía que si se excavaba el sitio se destruía y yo lo que quería era que no se toque”, explica a Indymedia.

Así, conoció a algunas personas como Dante Farías (pueblo toba), Eduardo Pincén (pueblo tehuelche) y Corimayo (pueblo kolla). “Corimayo dijo que era un lugar sagrado y que había que hacer una ceremonia a la Pachamama para honrar a los ancestros”,  recuerda Graciela. “Fuimos los cuatro hasta la desembocadura del Garín en el Villanueva, se abrió un hoyo en la tierra, se hizo una ofrenda y se invocó a los ancestros para que lo protegan”, hace memoria.

POSTURAS ENCONTRADAS

Mientras la vecina de Maschwitz se esforzaba por acercar el tema a las organizaciones indígenas, el arqueólogo Daniel Loponte –el responsable de resguardar los sitios en la zona norte – tenía otra visión de las cosas.

Un día, Graciela le contó: “mirá Daniel, tengo contacto con gente de pueblos originarios que nos pueden ayudar a preservar el lugar y me respondió:   ‘Noo, no quiero saber nada porque es para quilombo’”, recuerda.

Una reacción similar tuvo el arqueólogo a fines de 2008, pocos días antes de empezar la excavación para la empresa, cuando en una entrevista con Indymedia se le comentó que había agrupaciones aborígenes que planteaban la defensa del sitio como un lugar sagrado por pertenecer a las culturas ancestrales.

“Sinceramente no estoy de acuerdo con esa postura. Hay una Ley Nacional que es una ley que está votada por el Congreso argentino. Si no nos atenemos a las leyes es una selva esto”, respondió a la defensiva.

Actualmente, Loponte y su equipo mienten al asegurar que ni antes ni durante la excavación se enteraron acerca de un reclamo indígena sobre el lugar.

“UN PEDIDO DE LA ASESORÍA DE LA JEFATURA DE GABINETE”

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“No estamos interesados en las tierras de Punta Canal”, decía O’Reilly. (Foto: Ignacio Smith)

En noviembre de 2008, las denuncias de Graciela tomaron fuerza a través de los medios alternativos y comunitarios: un asesor del Gobierno Nacional destruía cementerios indígenas. En pocas semanas, se llegó a un acuerdo para hacer una excavación, que durante los últimos años se dijo que había sido una especie de convenio privado entre Jorge O’Reilly el equipo de Loponte.

Más frontal, en la Memoria Anual 2008 del INAPL se lo detalla así: “Se respondió a un pedido de la Asesoría de la Jefatura de Gabinete de Ministros acerca del sitio Punta Canal del partido de Tigre, provincia de Buenos Aires. Se procedió a realizar un trabajo de arqueología de rescate con un equipo dirigido por el Dr. Alejandro Acosta y el Dr. Daniel Loponte. Ante la inminente destrucción del sitio por construcciones edilicias, se procedió a la excavación y recuperación del material arqueológico que lo conformaba, trasladándoselo a la sede de nuestro organismo”.

“LOPONTE TENÍA APURO, O’REILLY ERA SAGRADO”

La vecina de Ingeniero Maschwitz recuerda: “Al principio Loponte decía que el sitio era muy grande y que había que preservarlo, abarcaba desde la punta del arroyo Garín hasta la calle Brasil (130 metros de largo)”. Sin embargo, “después de que hace un convenio con O’Reilly el sitio ya se achicó”, agrega Graciela.

En efecto, el 3 de diciembre de 2008 comenzó la campaña de rescate, la cual finalizó a los diez días al argumentar que se había excavado lo más importante y que lo que quedaba “ya no constituía un sitio”.

Loponte tenía apuro en terminar la excavación, éramos muchos trabajando para retirar todos los restos en una cuadrícula chica”, destaca Graciela,  quien pidió ser parte del equipo de trabajo para seguir de cerca los acontecimientos. “Fue muy sorpresivo eso de que ya está (no se excava más), de golpe de un día para el otro se terminó, ‘para allá no sigue el albardón’ [donde se supone que se ubican los sitios]. Yo les dije que adelante había más restos, pero me trataron de convencer de que el sitio era el hueco que habían hecho y que ya no había más nada”, comenta.

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Imagen aportada por Loponte en el 2007.

“La sensación que me queda era que estaban apurados por liberarle el terreno, sacarse el problema de encima sobre los reclamos que había.  Total a O’Reilly no le cuesta nada desempolvar unos dólares, está acostumbrado sacarse  los problemas así, para él pagar la excavación fue un vuelto”, cuenta. “O’Reilly le habrá dicho: ¿cuánto tardás? ¿cuánto me sale? Liberame esto, así puedo avanzar con las obras”, dispara la vecina.

“EL GRAN BENEFACTOR DE LA ARQUEOLOGÍA”

El primer día de la campaña de rescate, el empresario y asesor de Massa fue a observar la excavación y, de paso, ordenó a uno de sus obreros la destrucción del bosque que había cerca de la desembocadura del arroyo Garín. Indymedia, presente aquella jornada, lo entrevistó y luego relató que primero llegaron al lugar unos matones (sin eufemismos) en una Chevy amarilla. [Leer artículo]

“Cuando lo vi a O’Reilly me quise ir al humo, y me frenaron: ‘Graciela no hagas quilombo’, yo sentí en el momento que me decían ‘O’Reilly no se toca’. O’Reilly era sagrado. A los días volvió a ir con la familia y todos le rendían ‘pleitesía’, como si fuese el gran benefactor de la arqueología”, relata.

“Yo volvía y seguía viendo material, le comenté a Loponte y me dijo que junte lo que aparecía, pero ‘son cosas que están fuera de contexto, ya está, lo principal de la excavación ya se sacó’, cuenta la vecina.

PATRIMONIO A LA DERIVA

La decisión del arqueólogo de entregar el sitio al empresario, fue el impulso definitivo para la conformación del Movimiento en Defensa de la Pacha, que nació el 4 de enero de 2009 (en ese momento bajo el nombre de “Movimiento en Defensa de los Sitios Sagrados y Humedales”). A partir de ese momento se fueron acercando al reclamo más referentes indígenas y vecinos.

Inicio del MDP. (Foto: Nicolás Paradi / Indymedia)

Inicio del MDP en enero de 2009. (Foto: Nicolás Paradi / Indymedia)

En febrero de 2010 comenzó el campamento permanente para proteger Punta Querandí. “El acampe se planteó justamente por la cantidad de restos que seguían apareciendo cuando caían pedazos de costa”, dice Graciela. Y aclara que los sectores donde se encuentra el material arqueológico “no tenían que ver solamente con el sector donde se excavó, sino un poco mas atrás y un poco mas adelante”.

Loponte dijo que era imposible, que ya se había excavado el sitio en su totalidad, que eran restos dispersos”, agrega.

DUDAS CON LOS ESTUDIOS DE IMPACTO

Graciela  nunca se olvida de hablar de otro sitio destruido por EIDICO a pocos metros de Punta Querandí, dentro de lo que hoy es el barrio privado San Benito. Ella había advertido que podría existir un yacimiento en ese sector por lo que le habían contado los vecinos, pero el arqueólogo lo desestimó y luego se encontraron con los restos destruidos y dispersos.

De igual manera, también plantea dudas sobre los resultados de los estudios de impacto efectuados para EIDICO y Vial Tosca del otro lado del Canal Villanueva. En unas 200 hectáreas, el equipo de Loponte determinó solamente la existencia del sitio Rancho Largo, el cual ya había sido detectado por el aviso de un poblador.

“Un día que vino Loponte al acampe estaban todos los camiones rellenando detrás de Demarzi (titular de Vial Tosca) y dijo: ‘en ese campo seguro hay decenas de sitios’”, recuerda Graciela.

Contradicciones y puntos oscuros en el desempeño del equipo “a cargo” del legado ancestral aborigen en el área metropolitana.

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Esta entrada fue publicada el 19/04/2013 por en Otros.

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