Punta Querandí

Territorio comunitario, sagrado y educativo de los pueblos originarios, en la desembocadura del Arroyo Garín en el Canal Villanueva, Partido de Tigre, Provincia de Buenos Aires. Humedales continentales del río Luján.

“Los Querandíes aún hoy, batallan contra los nuevos fundadores de ciudades”

El escritor Eduardo Torres nos envió un breve cuento sobre los conquistadores de ayer y de hoy como adhesión a la manifestación de repudio a la desarrolladora de barrios privados EIDICO. Tuvimos el gusto de conocer a Eduardo en diciembre de 2012, durante el primer escrache que hicimos a esta empresa. El hombre bajó de su auto, habló con nosotros y a los días nos mandó por email un cuento que hacía referencia a la situación de los humedales y sitios sagrados indígenas desaparecidos por los emprendimientos inmobiliarios. Tres años y medio después, recibimos un nuevo cuento de Don Singulario. ¡Gracias Eduardo!

Contacto con el autor: singularialibros@hotmail.com

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VAMOS A VOLVER, A VOLVER, A VOLVER

– ¡Hola don Singulario! ¿En qué anda, tanto tiempo?

– ¡Qué tal, amigo! Con ganas de escribir algo, después de haber parado hace un tocazo. Le cuento que me agarró el deseo después de leer un poema de Alfonsina Storni en la contratapa del libro Los Aborígenes de la Argentina. Ensayo socio-histórico-cultural de Guillermo E. Magrassi (Búsqueda, 1987):

Buenos Aires es un hombre
que tiene grandes las piernas,
grandes los pies y las manos
y pequeña la cabeza.
(Gigante que está sentado
con un río a su derecha,
los pies monstruosos movibles
y la mirada en pereza.)
En sus dos ojos, mosaicos
de colores, se reflejan
las cúpulas y las luces
de ciudades europeas.
Bajo sus pies, todavía
están calientes las huellas
de los viejos querandíes
de boleadoras y flechas.
Por eso cuando los nervios
se le ponen en tormenta
siente que los muertos indios
se le suben por las piernas.
Choca este soplo que sube
por sus pies, desde la tierra,
con el mosaico europeo
que en los grandes ojos lleva.
Entonces sus duras manos
se crispan, vacilan, tiemblan,
¡a igual distancia tendidas
de los pies y la cabeza!
Sorda esta lucha por dentro
le está restando sus fuerzas,
por eso sus ojos miran
todavía con pereza.
Pero tras ellos, velados,
rasguña la inteligencia
y ya se le agranda el cráneo
pujando de adentro afuera.
Como de mujer encinta
no fíes en la indolencia
de este hombre que está sentado
con el Plata a su derecha.
Mira que tiene en la boca
una sonrisa traviesa,
y abarca en dos golpes de ojo
toda la costa de América.
Ponle muy cerca el oído:
golpeando están sus arterias:
¡ay, si algún día le crece
como los pies, la cabeza!

– ¡Qué pinturita!

– Estas líneas están naciendo por sucedidos que, a través de distintas vertientes como las naturales del agua, comienzan siendo gotitas que se hacen hilos, se encharcan o continúan avanzando, juntándose, separándose pero siempre en un mismo sentido. En algún lugar se encuentran con otros hilos dispersos y se transforman en masas líquidas incontenibles…

– Ya se quiere hacer el trovador, no me diga que intenta imitar a su nieto. Me enteré que anda ganando concursos de poesía por las castillas del Machado; premiado por los cafeteros, cumpas del García Márquez y hasta por los cuequeros trasandinos del Neruda, sin contar de nuestros arrabales sabateros y borgianos. ¡Qué me contursi!

– Para nada, eso del nieto es para otra historia, ahora ando sólo escudriñando esas fontanas, muchas veces escondidas, pero otras tan a la vista que no los vemos, casi como el árbol que tapa el bosque.

Pero… sí, resulta que a fin de año me encontré sumergido y con mucha bronca en el medio de una masa fangosa que me quitó la respiración casi hasta ahogarme. Sólo por reflejos naturales logré salir y por ahora ando boqueando y buscando aire por otros lares (es un decir) intelectuales o manuales que me permitan continuar con lo que fue mi rutina de la última década ganada…

– De nuevo a las andadas, no me diga que anda politiqueando con esta columna. Yo creía que con los años esa enfermedad se curaba…

– La política no es una enfermedad, como no son tantas otras con las que nos hicieron creer desde que el mundo es civilizado. Después le cuento algo que está en el libro que le comento al principio. Pero ahora no quiero escaparme de hilo de las vertientes, es decir seguir los hilos del agua que cuando llegó toda junta casi me ahoga.

– Es cierto don, cuando habla sacude barro, todavía lo noto mojado

– Alguna vez le comenté que tengo una quintita en Villa La Ñata…

– Villa que parece dejó de estar de moda en los noticieros de TV por los partidos políticos que se armaban… perdón, digo de fútbol, no se confunda…

– Allí está el centro, o algo así de una serie de emprendimientos inmobiliarios -cauntris como le dicen- que está destruyendo el cenagal natural del delta formado por el Paraná y el Uruguay y que se convierten en el Mar Dulce de Juan Díaz de Solís…

– Aquel que según Borges permitió que los indios disfrutaran del primer almuerzo all’europea sazonado con frutos de esta tierra.

– Efectivamente, el mismo que Alfonsina describe a la derecha de la ciudad cantada y contada. Pero no es ese río el que casi me ahoga. Otro malón multitudinario me desquició…

Volviendo a las vertientes le cuento que esos humedales que se están destruyendo en realidad son la tierra ancestral de una de las tantas etnias que nos constituyen como Nación. Le cantaron Alfonsina y el teutón que acompañó a Don Pedro de Mendoza en la fundación de la Santísima Trinidad en el puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires…

– Ud. habla de Ulrico Schmidt, soldado lansquenete que acompañó la expedición fundadora, quien escribió la “Verídica descripción de varias navegaciones, etc. etc.” historia de aquella aventura y cuyo libro con preciosos dibujos editado allá por 1600 en alemán y latín aquí conocemos como Viaje al Río de la Plata

– Bueno amigo, parece que desde que dejó de acompañarme en aquellas columnas del periódico Informaciones de San Martín, se ha cultivado ¿de dónde sacó tantos datos?

– Primero, de algo que escribimos (dijo el mosquito) en alguna de nuestras colaboraciones periodísticas (así me doy dique), pero además, con la ayuda de mi nieto –que terminó el secundario con altas notas- y mi jermu que maneja la tablet mejor que la de lavar, entramos en internet y doña güiquipedia me llenó de datos para fanfarronear. Es interesante ver esas ilustraciones de primera mano

– Bueno, le contaba que en ese libro, don Ulrico narra que los fundadores nunca se la vieron muy fácil porque en realidad más que construir una ciudad venían a apropiarse de lo poco que daba esta pampa y cuyos habitantes sabían administrar naturalmente. Imagínese que la avidez de riquezas y la avaricia propia de los que así mismo se llamaban conquistadores rápidamente iban a entrar en conflicto.

La buena voluntad natural del pueblo preexistente, compartiendo víveres, pronto se vio desbordada por las exigencias desmedidas para ellos, acompañadas de las violaciones a sus mujeres, en muy poco tiempo se transformó. Ahora no serían bienvenidos y la comida se tornaría tan escasa que hasta deberían llegar a la antropofagia antes de marcharse en derrota, después de haberlos masacrado con sus poderosas armas de fuego contra flechas, lanzas y boleadoras

– Don Singu, recuerdo muy sentidamente los dibujos que mostraban escenas escabrosas cortando miembros de ahorcados, o de las batallas que se libraron y los fuegos de la muy precaria ciudad originaria producidos con flechas incendiarias.

– Para no hacer extensa esta semblanza de aquella frustrada primera inauguración citadina, y recordando que la poeta nombra la huellas de quienes, aún hoy, batallan contra los nuevos fundadores de ciudades que vuelven a destruir los preciados dones de la naturaleza, como son los humedales que nos protegen de las inundaciones, aparece otro de los veneros que me llevaron al gran charco.

– No lo comprendo don, qué significa venero y a qué charco se refiere…

– Volvemos a lo de antes, no me deja fantasear… Venero, como manantial o vertiente es metafóricamente hablando el nacimiento de una corriente, que puede ser líquida, pero también literaria. Le decía que los querandíes son otra de las razones por la que me encuentro escribiendo y es que la inmoderada avanzada inmobiliaria del norte, allende a mi villa tigrense, no respeta y destruye los lugares sagrados de nuestros mayores.

– Ahora entiendo menos…

– Resulta que en lo que es hoy Dique Luján y la otra vera del canal Villanueva, Villa La Ñata, en otras épocas fue un asentamiento humano y de los rastros encontrados se puede asegurar fehacientemente que esa población es la misma que nos hablara Schmidl hace quinientos años, pero más aún, que todavía muchos de nosotros descendemos de aquellos.

– ¡No me la cuente don! Y yo que me creía nieto de gringos, ¿también soy descendiente aborigen?

– Mírele la cara a su pioresnada y la pelambre de su nieto, ¿no le dicen nada? Tienen facciones similares como esos que votaron pensando en ser ciudadanos del mundo mientras repudian a sus vecinos. Y vuelvo a la Storni: En sus dos ojos, mosaicos / de colores, se reflejan / las cúpulas y las luces / de ciudades europeas. A veces alcanza con saberse compatriota sin analizar, como en el boliche, ni pelos ni marca, ascendiente o descendiente lo mismo da

– Ya me gustó, allá por la fiesta del bicentenario estábamos todos, albinos y negros, colorados y lechosos, peludos y lampiños, ojos redondos y otras rasgados y éramos una masa sólida, sin fisuras, sólo la azul y blanca nos cobijaba. Ropa del cardín y saintlourenzo, junto con remeras y bluyines de la salada, ojotas y sarkanis. ¡Vamos don Singu que volvemos!

– No se embale amigo, que es un largo trecho a recorrer. Déjeme antes de cerrar que le cuente algo de los civilizados. En una nota al pié (p. 16) Magrassi comenta esta diferencia: “salvaje” es sinónimo o igual a: libre, auto-orientado, sea animal o persona, en tanto “civilizado” equivale a doméstico, domesticado, que hace lo que otro le hace hacer.

– ¡Oia! Don, Ud. sí que la tiene clara, los civilizados que seríamos nosotros les decimos salvajes a los indios, sin darnos cuenta que otros más civilizados nos dicen que les tenemos que decir salvajes a los indios, que seríamos nosotros para ellos. Ahora entiendo por qué usté me dice que soy descendiente. Porque para los más civilizados yo no dejo de ser un indio salvaje.

– Piense que el buitre-griesa dicta clases de quién sí y quién no. ¡Hasta la próxima, donde aparecerán otras fuentes para el gran charco!

Villa Ballester, 11 de marzo de 2016

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Esta entrada fue publicada el 19/03/2016 por en Otros.

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