Territorio comunitario, ancestral, sagrado y educativo de los Pueblos Originarios. Desembocadura del Arroyo Garín en el Canal Villanueva, Partido de Tigre, Provincia de Buenos Aires. Humedales continentales del río Luján.
La Comunidad Indígena Punta Querandí conmemoró los cinco años del primer reentierro de restos humanos ancestrales de pueblos originarios realizado en la historia del Área Metropolitana de Buenos Aires. La inauguración de un cartel informativo y una extensa ronda de reflexión marcaron una jornada atravesada por las luchas que siguen abiertas. La actividad coincidió con la convocatoria a la consulta pública del Estudio de Impacto Ambiental Acumulativo presentado por Nordelta, que reconoce la destrucción de enterratorios por obras del emprendimiento a fines de los ’90.
Cobertura fotográfica: Nicolás Parodi y Leo Crovetto

Cinco años después de aquel 25 de julio de 2021, la comunidad volvió a reunirse para reflexionar alrededor de los ancestros, junto a referentes indígenas, estudiantes de los cursos de lenguas originarias y docentes. Un micro gratuito gestionado con el Municipio facilitó el traslado hasta Punta Querandí de parte de quienes participaron de la actividad.
La conmemoración se realizó el domingo 26 de julio y comenzó al mediodía con una ronda de bienvenida y una ceremonia de sahumada. Luego de compartir el almuerzo, se realizó una visita guiada por distintos espacios de Punta Querandí, más reducida que las habituales y especialmente enfocada en la historia de la recuperación territorial y los reentierros.
Durante la recorrida, dentro de la Maloka, Santiago Chara, del Consejo de Ancianos de Punta Querandí, la cacica Cintia López, de la Comunidad Qompí, y Jakeline Mariaca, de la Comunidad Tres Ombúes, recordaron las emociones vividas durante el reentierro: una mezcla de felicidad por haber logrado el regreso de un ancestro a su territorio y de bronca por una historia que nunca debería haber ocurrido.
Uno de los momentos centrales llegó al finalizar la recorrida, en la entrada de Punta Querandí, donde se inauguró un nuevo cartel con la leyenda: “En este territorio sagrado un ancestro volvió a su tierra tras una década de lucha”.
“Estamos muy felices de compartir con ustedes este momento, a cinco años del primer reentierro”, expresó Santiago Chara, instantes antes de descubrir la nueva señalización.
“Un ancestro de más de mil años de antigüedad fue sacado de un lugar de donde nunca tendría que haber salido y logramos, hace cinco años, que vuelva a su lugar y pueda descansar en paz, tranquilo, sin que nadie lo moleste. ¡Agassaganup O Zobá!”, agregó.
Chara explicó también por qué el cartel se encuentra en el ingreso y no indica el punto preciso del reentierro: “Para garantizar la paz del descanso de los restos el cartel informativo no señaliza el lugar exacto del reentierro, pero nos parece necesario que todo aquel que pise el territorio sepa desde la entrada que es un sitio sagrado y que ahí descansa uno de nuestros antepasados”.
La nueva señalización se suma a una práctica sostenida durante años por la lucha de Punta Querandí, que reivindicó el poder de la cartelería como agente de transformación: una herramienta para hacer visibles los sitios ancestrales, transmitir su historia y modificar la manera en que esos espacios son percibidos.
UNA DÉCADA DE LUCHA PARA QUE LOS ANCESTROS VUELVAN A SU TIERRA
Desde fines de los años 90, el avance de los barrios privados sobre los humedales continentales de Tigre y Escobar arrasó enterratorios milenarios y numerosos sitios ancestrales. De esa lucha por defender el territorio nació Punta Querandí y también el compromiso por recuperar a los antepasados cuyos restos habían sido retirados de distintos sitios durante excavaciones arqueológicas y permanecían en instituciones académicas.
Después de una década de reclamos, en marzo de 2021 fueron restituidos a Punta Querandí los restos mortales de ocho antepasados que se encontraban bajo custodia del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL). Cuatro meses después, uno de ellos, un hombre adulto fallecido hace aproximadamente mil años, fue reenterrado en Punta Querandí. Los otros siete regresaron en diciembre de ese mismo año al sitio sagrado La Bellaca, en Villa La Ñata.
“SON PRISIONEROS DE LA CIENCIA”
Luego de la inauguración del cartel tuvo lugar una extensa ronda de reflexión e intercambio. El punto de partida fue recuperar detalles y emociones de lo vivido cinco años atrás, pero rápidamente el diálogo permitió conectar ese triunfo con los desafíos que continúan pendientes.
Entre quienes participaron estuvo Lorenzo Loncon, werken (vocero) de la Comunidad Mapuche Paichil Antriao de Villa La Angostura, Neuquén.
“Nuestros ancestros son prisioneros de la ciencia”, expresó Loncon al referirse a la permanencia de restos humanos indígenas en instituciones académicas.
El referente mapuche también destacó la necesidad de fortalecer los vínculos entre comunidades: “Fue un honor participar. Estamos entre hermanos que cuidamos la naturaleza y para mí es muy importante unir todos los territorios. La historia que se enseña no contempla que somos los desaparecidos de antes”.
“En Punta Querandí me siento como en casa”, sintetizó.
LAS LUCHAS QUE SIGUEN ABIERTAS
La conmemoración no estuvo centrada solamente en recordar lo conseguido. Una parte importante de la ronda estuvo dedicada a las situaciones que todavía permanecen sin resolver y a la necesidad de proteger otros sitios ancestrales de la región.
Entre ellas apareció el sitio arqueológico Las Vizcacheras, en Escobar, cuya situación fue planteada por Franco Javier Ortiz, profesor de Física y Fisicoquímica de dos escuelas públicas cercanas a ese territorio.
Más allá de la necesidad de resguardar ese lugar como patrimonio, el docente compartió su propuesta educativa: “Quiero diseñar un videojuego concreto con cuestiones históricas que esté basado pura y exclusivamente en lo que está en los relatos sobre la cultura querandí”.
Al mismo tiempo, advirtió sobre las dificultades para reconstruir esa memoria: “Es un desafío porque en una parte de la historia se silenció la mención sobre los querandíes”.
ARROYO SARANDÍ: UNA DISPUTA QUE SIGUE VIGENTE
Uno de los ejes principales de la conversación fue Arroyo Sarandí, sitio ancestral ubicado en tierras que hoy forman parte de Nordelta. La reivindicación de este espacio y los reclamos de reparación adquirieron renovada actualidad con la consulta pública del Estudio de Impacto Ambiental Acumulativo presentado por la urbanización. El documento reconoce que Arroyo Sarandí 1 y 2, antiguos lugares de ocupación e inhumación indígena, “fueron destruidos o sepultados como consecuencia de las obras de construcción de Nordelta” y califica su pérdida como un “impacto negativo significativo”.
La disputa permanece abierta también por el destino de los 42 ancestros y ancestras retirados de Arroyo Sarandí, cuyos restos permanecen en el Museo de La Plata. Pese a que su restitución fue aprobada en 2022, todavía no pudieron regresar a su territorio. Mientras Punta Querandí conmemoró los cinco años del regreso de un ancestro a su tierra, otros continúan esperando volver a los lugares de donde fueron extraídos.
“GRACIAS POR ESA RESISTENCIA”
Jakeline Mariaca, de la Comunidad Tres Ombúes de La Matanza, destacó especialmente la posibilidad de acompañar la jornada en una fecha cargada de significado. Ella fue parte activa de Punta Querandí y mantiene un vínculo muy profundo con el territorio: allí fueron esparcidas en 2016 las cenizas de su hija Uma, luego de que falleciera a causa de una grave enfermedad cuando tenía casi dos años.
“Siempre nos hace muy bien estar allá, nos arrima mucho a los lindos recuerdos con Uma. Gracias por hacernos parte de la ceremonia. Los veo muy bien, hacen un montón y se nota. Gracias por esa resistencia y por lo lindo que está el territorio”, expresó.































