Territorio comunitario, ancestral, sagrado y educativo de los Pueblos Originarios. Desembocadura del Arroyo Garín en el Canal Villanueva, Partido de Tigre, Provincia de Buenos Aires. Humedales continentales del río Luján.
Cerca de 200 personas participaron del cierre del Mes de la Pachamama en Punta Querandí, una de las celebraciones más convocantes de los últimos años. La ceremonia, el almuerzo comunitario y una destacada propuesta artística reunieron a comunidades indígenas, organizaciones, músicos, bailarines, artesanos y personas llegadas desde distintos lugares del Área Metropolitana.
Cobertura fotográfica: Nicolás Parodi

El domingo 30 de agosto, el territorio comunitario de Punta Querandí volvió a recibir a una multitud para compartir las ofrendas y el agradecimiento a la Pachamama. La jornada se desarrolló en el límite de Tigre y Escobar, epicentro de los barrios privados responsables de la destrucción de enterratorios ancestrales y miles de hectáreas de humedales continentales.
La convocatoria comenzó a media mañana con la llegada de visitantes desde distintos puntos de la región. Una parte importante se trasladó en el colectivo gratuito aportado por el Municipio de Tigre, que también garantizó el sonido para el festival artístico.
Cerca del mediodía se realizó la ronda de bienvenida alrededor de la Apacheta, donde integrantes de Punta Querandí y de la Unión de Pueblos Originarios de Tigre y Escobar agradecieron la presencia de las casi 200 personas y compartieron algunos aspectos de la historia y el presente del territorio.
La ceremonia fue guiada por Elizabeth Vargas Lazcano y Santiago Chara, referente qom del Consejo de Ancianos de Punta Querandí. Luego de la sahumada, las personas se acercaron a la boca de la Pacha para entregar frutas, verduras, semillas, bebidas y otros alimentos.
“Estuvo muy lindo, había mucha gente y la pasamos muy bien. Este año hubo muchas ofrendas para la Pachamama. Esperemos que los próximos años sean mucho mejores y que se acerque más gente nueva”, expresó Elizabeth. También destacó el carácter familiar de la celebración: “Toda mi familia se divirtió y pasó un día espectacular y tranquilo”.
Después de la ceremonia se compartió un guiso de lentejas cocinado en el fogón, con aportes voluntarios destinados al sostenimiento del territorio. Durante toda la jornada también permaneció abierto el Museo Autónomo de Gestión Indígena y hubo exposición y venta de producciones de artesanos y artesanas de pueblos originarios.
MÚSICAS, DANZAS Y VOCES
Luego del almuerzo comenzó un festival que combinó músicas, cantos, danzas y poesía con intervenciones de representantes indígenas y de organizaciones que acompañan las luchas de Punta Querandí.
La propuesta artística incluyó a la cantautora mapuche Beatriz Pichi Malen; el charanguista y cantautor Lautaro Toscano; el Ensamble de Alumnxs de la Licenciatura en Música Autóctona; Arawi, Piel del Viento; la folklorista Andrea Cervantes; el grupo de danza Ser en Movimiento; la Comunidad de Sikuris Truenos y Fuego; y la Comunidad de Sikuris del Arco Iris.
Una de las presencias más destacadas fue la de Beatriz Pichi Malen, reconocida cantora mapuche con más de tres décadas de trayectoria dedicada a recuperar y difundir los cantos y la cultura de su pueblo.
“Hace casi una década fui invitada por primera vez. Entonces se conmemoraba la escultura del yaguareté y había un incipiente museo. Había mucho trabajo, pero también mucha lucha para ser reconocidos como patrimonio histórico y como comunidad”, recordó.
“Veo que esto ha florecido y celebro que así sea. Ya no es solamente un museo: hay una huerta, hay cursos donde se enseñan distintas lenguas de las culturas originarias, quinchos y una casa que recupera las viviendas tradicionales”, señaló.
También participó Enrique Mamani, integrante de la Comunidad de Sikuris del Arco Iris y de la Organización de Comunidades de Pueblos Originarios (ORCOPO), quien valoró el crecimiento de Punta Querandí: “El espacio indudablemente ha caminado durante todos estos años de una forma muy positiva. Hoy está habitado por los hermanos que están ahí resistiendo y reconstruyendo nuestra identidad y nuestra ancestralidad”.
LAS NUEVAS GENERACIONES
La participación de niños, niñas y jóvenes también fue una de las características de la jornada. Entre ellos estuvo Nehuén Rivero, de 13 años e integrante de la Comunidad de Sikuris Truenos y Fuego, quien además de participar junto con su agrupación leyó un poema durante el festival.
“Me quedó un recuerdo muy bello de la comunidad de Punta Querandí. Me enamoré de todo: del arte, de lo que tiene por dentro y de la reserva natural que conserva, si se la puede llamar así”, expresó.
Para Nehuén, la experiencia también tuvo un significado relacionado con el presente de los pueblos originarios y la defensa de los bienes naturales.
“Es muy importante, más en estos tiempos, reivindicar la lucha y la resistencia de nuestros queridos pueblos originarios, cuando está reinando la maldad, se quieren apropiar de todo, llevarse nuestros recursos naturales y, prácticamente, la vida”, manifestó.
Las palabras de Pichi Malen y Nehuén enlazaron dos momentos de una misma historia: la mirada de quien regresó casi una década después y encontró un territorio transformado, y la de una nueva generación que descubre Punta Querandí y asume como propia la defensa de la naturaleza y de los pueblos originarios.
UN TERRITORIO QUE SIGUE CRECIENDO
La masividad de esta Pachamama expresa un proceso construido durante años. En el último tiempo avanzaron la huerta, el vivero y la restauración de la Maloka; continuaron los talleres de oficios tradicionales y crecieron las visitas de instituciones educativas.
También se fortaleció el programa municipal de Lenguas Originarias impulsado por la Unión de Pueblos Originarios, que pasó de nueve a doce cursos gratuitos de guaraní, quechua, mapuzugun, qom y moqoit.
Este fortalecimiento comunitario se desarrolla mientras continúan los reclamos pendientes. Entre ellos se encuentra la exigencia de reparación por los daños ambientales, culturales y espirituales provocados por Nordelta, incluida la destrucción de enterratorios ancestrales.
Hacia el final de la tarde, las comunidades de Sikuris Truenos y Fuego y Sikuris del Arco Iris se unieron a otros músicos y encabezaron el regreso colectivo hacia la Apacheta. Allí se formó una gran ronda y, mientras continuaban la música, los cantos y los bailes, entre todos fueron cubriendo con tierra y piedras las ofrendas.
“El trabajo se ha hecho y se sigue sosteniendo. Celebro que así sea y, sobre todo, que sea un trabajo sostenido en la lucha, en el amor y en la ternura. Muchas gracias por hacerme parte de ello”, sintetizó Pichi Malen.














































